EL REFUERZO POSITIVO PARA ESTIMULAR LA ESCRITURA EN PRIMERA INFANCIA

Uno de los aspectos más importantes en los procesos de aprendizaje de los niños y niñas en la primera infancia, es el desarrollo de las competencias lecto-escritoras, con esto no sólo me refiero al aprendizaje cognitivo, sino a la motivación y el gusto que los  y niñas deben experimentar en este recorrido.

Aún más importante que el garrapateo y la escritura de palabras y frases con sentido, se encuentra el significado que la comunicación oral y escrita tienen para los niños y las niñas; por esta razón es de vital importancia la construcción emocional frente a la lectura y la escritura.

Un niño que no se refuerza adecuadamente en el aprendizaje, puede experimentar dificultades para desarrollar adecuadamente sus competencias para leer y escribir.

Los docentes, padres de familia y/o cuidadores son claves en este proceso, pues son las personas que generalmente acompañan a los niños y las niñas, condicionando el aprendizaje. La pregunta es ¿Cómo puedo reforzar positivamente a hijos, hijas, estudiantes en su proceso de aprendizaje?

Lo primero que hay que saber, es que según la teoría E-R que explica cómo y porqué se aprenden conductas, se habla de condicionamiento operante o instrumental, proceso en el cuál una acción o una conducta, seguida de un estímulo reforzador, se consolida, aumentando así la posibilidad que se repita.  Existen dos tipos de refuerzo: positivo y negativo. Un refuerzo positivo es una recompensa, esto aumenta la probabilidad de que la conducta recompensada se repita. Un refuerzo negativo es el acto de retener o suprimir un acontecimiento no deseado, lo que a su vez aumenta la probabilidad de que el acto anterior se repita.

Un ejemplo de reforzamiento positivo es: “José, un niño de seis años, escribió correctamente su nombre en letras de molde por primera vez. El profesor le dio un dulce”. Este constituye una recompensa por desarrollar una conducta nueva.

Otro ejemplo es: “Ricardo, cuya escritura suele ser ilegible y por fuera del renglón, entregó una tarea legible y dentro del renglón. El profesor puso una carita feliz en su tarea y reforzó verbalmente diciendo: Ha sido un placer corregir esta tarea tan cuidadosamente hecha Ricardo. En este caso  hubo una recompensa para omitir una conducta.

Un caso de reforzamiento negativo es: “Bárbara, cuya ortografía es muy mala, garrapatea una letra encima de otra cuando no está segura de cuál es la correcta. Su última redacción no contenía letras ilegibles.  El profesor la exoneró de sus tareas de limpieza del aula. En este caso hubo supresión por omitir una conducta.

En cualquier caso, si se hace esto, existen más probabilidades de que la conducta cambie al día siguiente, que si no se realizara ningún refuerzo.

Estas técnicas de condicionamiento operante pueden ser útiles en el momento de acompañar los procesos de aprendizaje de lecto-escritura de los niños y las niñas, en la medida en que reciban refuerzos positivos o negativos para fortalecer los avances y el desarrollo de las competencias.

Esta labor es importante desarrollarla tanto en el colegio como en casa, recuerda que la educación de nuestros hijos debe ser un trabajo en equipo entre la escuela, los padres, madres y cuidadores.

Hasta una próxima oportunidad.

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